René Escobar se sueña en el Polo Sur

Fernando de Magallanes no sólo era un extraordinario navegante, sino también un hombre inteligente y sobretodo curioso que decidió llevar más allá de las páginas de una hoja de papel, sus fantasías. Hazañas y no instantes de delirio, esa es la pequeña gran diferencia entre los hombres que transforman la historia y los demás. Bajo esta premisa, René Escobar, un joven y entusiasta fiscalista de la Ciudad de México, se distingue de sus pares al hacer gala de otras actividades como el deporte, la asistencia social y la familia. Su vocación no se limita al título de la afamada Universidad Anáhuac de la cual egresó, sino que se extiende a la gente que más ama, la que le rodea y la que lo admira. Decirlo parece algo sencillo, pero se requiere de mucho sacrificio, perspicacia y audacia, tal y como los aventureros de tiempos pasados.

Como todo emprendedor, René Escobar comenzó su trayectoria desde muy joven, cuando aún era un estudiante, involucrándose con proyectos que paulatinamente le abrirían el camino para consagrarse en el campo de la asesoría legal y fiscal. Ya como todo un profesional de la materia y gracias al éxito alcanzado en poco tiempo, se dio a la tarea de colaborar de manera activa con organizaciones de ayuda como Fundación Dr. Sonrisas A.C., dedicada a asistir a niños de bajos recursos con enfermedades terminales. Otra de sus pasiones es el deporte, el cual práctica de manera profesional, como triatleta, ciclista, corredor y esquiador acuático.

Sin embargo, fiel a su espíritu inquieto y rebelde, René Escobar tiene un viaje pendiente que desde las remotas noches de su infancia ha alimentado lo más profundo de sus fantasías: conocer el Polo Sur. Sí, esa región septentrional donde rara vez se asoma el sol y donde las condiciones de vida para los hombres son muy complicadas.

Ha sido sólo un pequeño puñado de aventureros quienes se han adentrado en los tímpanos de hielo perpetuo para conocer el último rincón de la tierra, y que por supuesto que nuestro fiscalista desea fervientemente conocer y formar parte de la historia. Pero, ¿qué es exactamente lo que más atrae de este rincón inhóspito del planeta a viajeros de todo el mundo? Escobar Bribiesca nos dice que “es el único sitio en el que la mano del hombre no ha entorpecido la evolución y la vida silvestre se encuentra en armonía con la naturaleza circundante, lo cual debe de ser maravilloso poder contemplar”. Prosigue, “su estado salvaje y primitivo es como viajar en el tiempo, mucho antes de la existencia de las primeras civilizaciones”. He ahí su encanto y su fuerza, su virtud y belleza.